La guia de Villa Pueyrredón

Domingo 24 Septiembre 2017

Martes, 22 Diciembre 2009 11:51

Adopción Destacado

Escrito por  Débora Arrom
Valora este artículo
(0 votos)

Qué sucede ante el proceso, Cuándo, cómo y qué informar
adopción
Es común que ante el surgimiento del lenguaje en el niño, se complique su relación con los padres, ya que surge la posibilidad de que aparezca la frase temida: ¿Ustedes son mis padres?

Actualmente se sostiene la teoría que hay que informarle al niño de su origen sólo cuando él pregunta. Cuando el niño interroga acerca de su nacimiento, lo más probable es que haya sido estimulado por el nacimiento del hermanito de algún compañerito del jardín, o por la aparición de algún niño en la familia. Se puede decir que lo que hace el niño es compararse.

Si bien no se trata de convertir el diálogo en una iniciación ritual, tampoco es un tema para trasmitirlo de cualquier modo y en cualquier lugar.

Si bien la adopción es una decisión conjunta entre la pareja, cada uno de los integrantes acepta un compromiso y una parte de la responsabilidad. La adopción implica una tarea compartida de la crianza del hijo.

Es importante esta aclaración, porque muchas veces es un miembro de la pareja el que toma la decisión de adoptar, y el otro acompaña en la decisión sin comprometerse realmente con ella. Es común que en la práctica se presenten madres adoptivas como únicas responsables de la crianza de su hijo.

Que cada uno de los integrantes de la pareja tome la decisión y la responsabilidad de la adopción, es el inicio de una decisión de ser padre y madre de la adopción. Pero el camino es más largo, e implica que ambos construyan un "Nosotros adoptamos" que refiera un compromiso en la crianza.

Es habitual escuchar la palabra "duelo". El duelo es un proceso normal y esperable frente a la pérdida de alguien o algo muy querido.

La desilusión producida por la imposibilidad de concebir un hijo en el seno de la familia conduce a un proceso de duelo. Una vez elaborado la pareja comienza a pensar en otra forma de concretar la maternidad y la paternidad, adoptando un chico.

Este proceso de duelo hasta el proyecto de la adopción, conviene que no sea inmediato, porque es un momento de muchas tensiones, angustias, ansiedades, dudas y tristezas. Es necesario un cierto tiempo de elaboración, ya que cuando una pareja decide adoptar y se compromete con este proyecto es necesario renunciar al hijo biológico.

Cuando los miembros de la pareja pueden entusiasmarse con el proyecto de "tener hijos", aunque "no puedan hacerlos", va surgiendo el deseo de adoptar. El deseo de adoptar un hijo es el producto de una desilusión y se construye complejamente.

La maternidad y la paternidad se relacionan con una situación que despierta deseos, intensos sentimientos, expectativas, y dudas. El hijo por venir comienza a construirse en la fantasía con un rostro y cualidades que se imaginan como repetición y mejora de las propias. Es en este momento donde surgen muchas preguntas como, ¿Cómo será el niño?, ¿Seremos iguales o peores que nuestros padres?

Existe un clima previo a la adopción saturado por lo que se piensa y se imagina. Al decidir se necesita incorporar a un niño en la vida de pareja. Aquí es cuando se presentan suposiciones acerca de los reproductores del bebé que ellos adoptarán.

Por otra parte, la madre que ha concebido al niño también realiza suposiciones de quien se hará cargo de éste. Las suposiciones previas a la adopción por parte de los adoptantes y por parte de quienes entregan al bebé, se conjuntan; y el niño las unificará y articulará en sus propios sentidos.

El desconocimiento mutuo entre reproductores y adoptantes genera un "lugar" en la familia, una zona cuya lógica está regulada por la convivencia imaginaria entre reproductores y los adoptantes. Es en éste lugar donde se transforma en hijo al niño abandonado.

Para los adoptantes preocupados por ser una familia como todas, las atribuciones preferidas circulan alrededor de su concepción de orden y el deber. Los adoptantes no ignoran que hubo algo antes que ellos, por lo tanto ellos serán los encargados de poner orden en representación de la ley y el deber. Proponen una vigilancia extrema sobre ellos mismos, diciéndose contantemente: "Cuidado, no vayamos a parecernos a ellos".

Atribuirle cualidades y desearlo como hijo exige procesar culturalmente y emocionalmente hechos traumáticos derivados del origen del niño. Esto no resulta complicado durante el primer año de vida, pero una vez adquirido el lenguaje puede desembocar en situaciones complejas ante sus preguntas.

A su vez, también el niño tiene que atribuir características a los padres. En este aspecto, adoptivos y adoptantes se asemejan. Los padres esperan que se atribuyan una serie de virtudes que descuentan poseer, y a su vez atribuyen al niño méritos que, infieren, no heredaron de otros.

Es probable que surja en éste momento la pregunta de cuánto se tarda en querer al hijo adoptado. Autores como Eva Giberti, proponen que una cosa es el querer en función volitiva (que compromete la voluntad de una persona): lo quiere porque es el hijo, sabe que debe quererlo y se espera que sea así. Los padres esperan que desde ellos emerja dicho sentimiento.

Otra cosa es desear que esa criatura, nacida en el vientre de una mujer desconocida y abandonada o cedida en adopción, se convierta en un representante de uno, que lo trascienda y que lleve el propio apellido.

Amar a un hijo consiste en una extraña y complejísima combinación que incluye el querer y el desear. Se puede querer a un niño sin que ello signifique desearlo como hijo.

Licenciada Débora Arrom (UBA)
Psicoterapias Breves
Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Usted necesita tener Javascript activado para poder verla.
4574-5065
http://psicologavillapueyrredon.blogspot.com/